Las Alturas de Simpson: El Primer Danzón
Composición de 1879 de Miguel Faílde que dio a Cuba un nuevo baile nacional
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Todas las líneas de baile cubanas se remontan a una única pieza interpretada un día de Año Nuevo en Matanzas: "Las Alturas de Simpson," considerada ampliamente como el primer danzón.[2]
Faílde y Matanzas
El compositor fue Miguel Faílde Pérez (1852–1921), cornista y director de banda originario de la ciudad de Matanzas que formó su propia orquesta en 1871 mientras aún era adolescente.[1] Su danzón se estrenó el 1 de enero de 1879 en el Liceo Artístico y Literario de Matanzas — el salón que hoy se conoce como la Sala de Conciertos José White — y tomó su nombre de Simpson, un barrio obrero de la ciudad.[1] La pieza provocó una sensación inmediata, y Faílde, posteriormente honrado como "el padre del danzón," llegó a componer alrededor de 144 danzones a lo largo de su vida.[2]
El cinquillo y una nueva forma de bailar
Lo que hizo a "Las Alturas de Simpson" revolucionario fue menos su melodía que su base rítmica: el cinquillo cubano, un patrón de cinco golpes de origen africano que ya latía en la música popular cubana pero que Faílde puso al frente como el latido de un nuevo género.[3] El danzón mismo descendió de la contradanza europea — traída a Cuba por refugiados de la Revolución Haitiana a finales del siglo XVIII — a través de la danza cubana.[5] Lo que distinguió al nuevo baile fue la forma en que las parejas se movían: los socios bailaban juntos en un abrazo cerrado, con pausas escritas en la música donde podían descansar, conversar y coquetear — una intimidad sociable que escandalizó a algunos y deleitó a muchos.[3]
En la época de Faílde el danzón no era llevado por una charanga de cuerdas sino por una orquesta típica — un conjunto de estilo militar de metales con un puñado de violines, bajo acústico, timbales y güiro — sonido preservado en esa primera actuación de 1879.[4]
Una sensación nacional
A los ojos conservadores el danzón era casi peligroso — una música afro‑cubana que atraía a parejas cortejantes a un abrazo lento y sostenido — y su ascenso siguió la mayor afirmación de la cultura negra cubana en la vida musical de la isla al final de la era colonial.[3] Sin embargo, en una sola generación se había extendido a todos los espacios de baile cubanos, desde las elegantes sociedades de las ciudades hasta humildes plazas de pueblo, desplazando a la danza anterior para convertirse en el baile nacional sin rival de la isla.[5] El propio Faílde provenía de una familia musical y dirigió su orquesta de Matanzas durante décadas, viviendo para ver la forma que lanzó abrazada de un extremo a otro de Cuba.[1] Hoy Matanzas sigue siendo llamada la cuna del danzón, y la ciudad mantiene viva su memoria con un festival anual y una orquesta dedicada que lleva su repertorio a nuevas generaciones de bailadores.[2]
De la contradanza a un género nacional
El danzón resultó asombrosamente fértil. A finales de los años 20 se fusionó con el son para producir el danzonete cantado, y a finales de los años 30 la orquesta de Antonio Arcaño — Arcaño y sus Maravillas — popularizó un danzón de nuevo ritmo sincopado con una sección final impulsada.[5] De ese montuno final surgió el mambo, que Dámaso Pérez Prado derivó en un género propio, y el cha-cha-chá, que Enrique Jorrín convirtió en una locura mundial en la década de 1950.[5] El mismo cinquillo que animó el debut de Faílde se mantiene como hilo conductor a través de la contradanza, la habanera, el danzón, el son, el mambo y el cha‑cha‑chá — la columna rítmica de la música de baile cubana.[3] A principios del siglo XX el danzón incluso cruzó el Golfo de México para arraigarse en Veracruz y la Ciudad de México, donde sobrevive como una apreciada tradición de salón hasta hoy.[5]
Por qué es importante
"Las Alturas de Simpson" hizo más que lanzar un baile; dio a Cuba un emblema de identidad nacional que sobrevivió al dominio colonial español.[5] En 2013 el danzón fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación Cubana, y las instituciones cubanas han trabajado desde entonces para lograr su inscripción en la lista de la UNESCO del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.[5] Cada danzón, mambo y cha‑cha‑chá que le siguió es, en sentido real, descendiente del debut de Año Nuevo de Faílde en una sala de conciertos de Matanzas.[2]
Referencias
- 1.Miguel Faílde, "Las Alturas de Simpson" (Danzón) — Music in Global America (USC), 2026
- 2.Las alturas de Simpson — EcuRed, 2026
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Bailar Editorial Team. (2026). Las Alturas de Simpson: El Primer Danzón. Bailar Biblioteca. Recuperado el 4 de julio de 2026, de https://getbailar.com/biblioteca/encyclopedia/danzon/recordings/las-alturas-de-simpson
Bailar Editorial Team. “Las Alturas de Simpson: El Primer Danzón.” Bailar Biblioteca, 2026, getbailar.com/biblioteca/encyclopedia/danzon/recordings/las-alturas-de-simpson. Consultado el 4 de julio de 2026.
Bailar Editorial Team. “Las Alturas de Simpson: El Primer Danzón.” Bailar Biblioteca. Consultado el 4 de julio de 2026. https://getbailar.com/biblioteca/encyclopedia/danzon/recordings/las-alturas-de-simpson.
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Editor en jefe: Paul Thomas Plawin
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