Miguel Matamoros y el Trío Matamoros

Cómo un guitarrista santiaguero convirtió el son oriental en un cancionero continental

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Miguel Matamoros nació en Santiago de Cuba el 8 de mayo de 1894 y murió en la misma ciudad el 15 de abril de 1971.[1] Guitarrista, cantante y compositor en gran medida autodidacta, se convirtió en la figura central del son santiaguero —el son de guitarra y voz de la provincia oriental cubana de Oriente— y en el líder del grupo de trova cubano más celebrado internacionalmente en los albores de la era de las grabaciones, el Trío Matamoros.

Un trío de trova santiaguero

El conjunto que llevaba su nombre fue fundado en Santiago de Cuba en 1925, una asociación de tres músicos nacidos en Santiago que eran, cosa inusual, cantantes y compositores a la vez.[2] Matamoros (8 de mayo de 1894 – 15 de abril de 1971) cantaba como voz principal, tocaba la guitarra y escribía el material distintivo del grupo; Rafael Cueto (14 de marzo de 1900 – 7 de agosto de 1991) se encargaba de la segunda guitarra y el guajeo rítmico; y Siro Rodríguez (9 de diciembre de 1899 – 29 de marzo de 1981) aportaba la armonía aguda junto con las maracas y las claves.[2] Fue el entrelazamiento de esas tres voces y la fusión de guitarras y percusión de mano lo que definió su sonido desde el principio.

En un principio actuaron bajo el nombre de Trío Oriental, pero al descubrir que otro conjunto ya empleaba ese nombre, en 1928 se rebautizaron como Trío Matamoros.[2] Su repertorio se situaba en el punto de encuentro de los dos géneros que definieron la canción popular cubana en los años veinte y treinta: el son, la forma sincopada de guitarra y percusión que emergió de Oriente, y el romántico bolero, la balada lenta de amor y desamor que circulaba por todo el Caribe hispanohablante.[3]

El son oriental y su sonido

El son que interpretaba el Trío Matamoros era más ligero e íntimo que el son de conjunto y big-band impulsado por metales que más tarde se desarrollaría en La Habana. Construido en torno a guitarras entrelazadas, el chasquido percusivo de las claves, el repiqueteo de las maracas y tres voces firmemente trenzadas, ponía en primer plano la melodía, el ingenio lírico y el montuno de pregunta y respuesta, en el que un estribillo cantado alterna con líneas improvisadas de la voz principal.[3] Los oyentes contemporáneos y los críticos posteriores distinguieron al grupo precisamente por la armonía de sus voces y la calidad de sus letras —las dos fortalezas que dotaron de longevidad a sus grabaciones.[2] El formato resultó también idealmente portable: no requería sección de vientos, llenaba con precisión una cara de disco y viajaba adondequiera que tres músicos pudieran llevar sus guitarras.

El don de Matamoros como compositor consistía en integrar en ese marco narrativas vívidas y arraigadas en un lugar específico. Sus canciones nombran calles de Santiago y escenas cubanas, tratan el desamor con un tono irónico más que puramente trágico, y se valen del impulso rítmico del son para mantener bailables incluso los temas tristes.[1]

Las canciones que se convirtieron en estándares

Matamoros fue uno de los compositores más prolíficos y más versionados de la tradición del son cubano y el bolero.[1] Varias de sus piezas trascendieron el repertorio del trío para convertirse en estándares interpretados en toda América Latina y más allá:

  • «El que siembra su maíz» — un éxito temprano cuyo título de sabor proverbial se convirtió en símbolo de la autosuficiencia.[2]
  • «Son de la Loma» — cuya pregunta burlona, que interroga de dónde vienen los cantantes del cerro, figura entre los versos más conocidos de toda la música cubana.[1]
  • «Lágrimas negras» — un bolero-son que fusiona el lamento romántico del bolero con el montuno del son, y sigue siendo una de las canciones más grabadas del canon cubano, interpretada por artistas de todos los géneros y generaciones.[1]

Estas composiciones hicieron más que llenar la propia discografía del trío. Al ser tan ampliamente versionadas, pasaron a formar parte del cancionero compartido del que se nutrieron los músicos posteriores de son, salsa y jazz latino, otorgando a Matamoros una influencia muy superior a la de los discos que llevaban su propio nombre.[3]

Giras, grabaciones y canciones de actualidad

El Trío Matamoros grabó de manera prolífica —publicando numerosos discos de 78 rpm y, más tarde, LPs, con sesiones en Nueva York, que era entonces un centro neurálgico de la grabación latinoamericana— y realizó extensas giras por América Latina y Europa, contribuyendo a difundir el son cubano internacionalmente durante los años treinta.[2] Sus viajes y grabaciones convirtieron el son oriental en un fenómeno continental en un momento en que los discos de fonógrafo y la radio enlazaban las Américas de habla hispana en un único mercado de música popular.[3]

El trío también documentó sucesos de actualidad en canciones. En 1934 grabaron «El desastre del Morro Castle», convirtiéndose en los primeros artistas en conmemorar el incendio del transatlántico Morro Castle.[2] Su órbita atrajo asimismo a otros intérpretes: en 1940, el cantante de guajira Guillermo Portabales apareció junto al grupo.[2]

El Conjunto Matamoros y el joven Benny Moré

Para una gira a México, Matamoros amplió el trío hasta conformar un conjunto más grande, el Conjunto Matamoros, y el grupo se convirtió en puente para talentos más jóvenes.[2] Un cantante entonces desconocido de Santa Isabel de las Lajas, Bartolomé Moré —que más tarde alcanzaría fama mundial como Benny Moré— cantó con el conjunto de Matamoros en sus viajes por México, un paso temprano en la carrera del hombre al que muchos consideran el mayor cantante cubano del siglo XX.[1] Moré fue el vocalista principal del conjunto de 1945 a 1947.[2]

Una asociación duradera

Lo que resulta notable del Trío Matamoros es su estabilidad. Los mismos tres hombres —Matamoros, Cueto y Rodríguez— actuaron juntos durante décadas, una trayectoria inusualmente prolongada para cualquier grupo popular, y sus grabaciones son reconocidas como una fuerza determinante en el auge de la música de son.[2] Matamoros murió en Santiago de Cuba en 1971; Rodríguez lo sobrevivió hasta 1981 y Cueto hasta 1991.[1]

Por qué Matamoros sigue siendo relevante

Miguel Matamoros ocupa el origen de una tradición que se proyecta hacia la salsa y la música popular latina moderna. Al condensar el son cubano oriental en un formato de trío compacto y exportable, y al escribir canciones suficientemente duraderas como para trascender su época, contribuyó a transformar el son de un estilo regional de Oriente en un cimiento de la música popular panlatina.[3] Un oyente que conoce «Lágrimas negras» o «Son de la Loma» —incluso en una versión moderna— está escuchando el largo alcance de un guitarrista santiaguero que nunca necesitó más de tres voces para rehacer el cancionero de un continente.

Referencias

  1. 1.Cuban Music from A to ZHelio Orovio, Duke University Press, 2004
  2. 2.Trío MatamorosWikipedia, 2026
  3. 3.Caribbean Currents: Caribbean Music from Rumba to ReggaePeter Manuel, Temple University Press, 2006

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Bailar Editorial Team. (2026). Miguel Matamoros y el Trío Matamoros. Bailar Biblioteca. Recuperado el 4 de julio de 2026, de https://getbailar.com/biblioteca/encyclopedia/son-cubano/pioneers/miguel-matamoros

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Editor en jefe: Paul Thomas Plawin

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